Amamantar cuando te trabaja un solo seno: ¿Lo lograré?

ILEANA BAEZ lifestyle

Amamantar cuando te trabaja un solo seno: ¿Lo lograré?

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Quedar embarazada después de 10 años de tu primer embarazo puede parecer una locura – para mí fue una bendición - que acepté con la intención de hacer las cosas diferente y esta vez - más informada.

Gracias a mi doula logramos apaciguar las dudas, los temores y las inseguridades que trae un embarazo nuevo – y más cuando vienes de experimentar una pérdida previa. Para todos fue un proceso de crecimiento, mi esposo siendo padre por primera vez y para mi hija de diez años aprender de los benéficos del parto natural y el empoderamiento. Como familia visualizamos ese día y pegamos en la pared un dibujo de como queríamos que fuera.

El parto de Eowyn fue hermoso, con un dolor increíble, pero rodeada de mis mantras todo pareció más llevadero.  Mientras estuvimos en el hospital la oxitocina natural hizo su trabajo, y junto a los amigos y familiares todo fue felicidad. Pero al cruzar la puerta del apartamento me toco afrontar los miedos y la realidad.

Padezco de fibroadenomas en ambos senos,

un tumor benigno que crece frecuentemente en los senos, y aunque puede causar dolor, no ha sido relacionado con cáncer. Las hormonas del embarazo habían crecido tanto los fibromas que mi seno izquierdo estaba completamente deformado. He tenido amigas que han pasado por cáncer de seno y algunas de ellas ya no están con nosotros. Así que dentro del temor que esto podría causarme estaba agradecida de Dios por estar sana y no me atrevía quejarme.

¿Mi temor?  No poder proveer a mi bebé esa lactancia que tantos beneficios podría traerle.

Los días pasaban y aun cuando mis senos comenzaron a llenarse de leche, la ansiedad se apoderaba de mi porque el seno izquierdo no reaccionaba. Tenía el apoyo de mi esposo, doula y amigas, pero la incertidumbre de sí mi bebé estaba comiendo lo suficiente me agobiaba y me hacía sentir culpable. ¿Hasta dónde debía presionarme y exponer a mi bebé a perder peso o nutrientes?

La primera cita llego, y mi bebé no estaba haciendo sus evacuaciones. Por más que me indicaban que los bebés lactados no evacuan con frecuencia, mi mente estaba tan llena de ansiedad, presión y miedo que no podía pensar claramente.

El problema soy yo, pensaba.

Así que de inmediato ordené la máquina de extracción. Teníamos varias recomendaciones así que compramos la Medela Manual y la Spectra S2 doble. En el estrés de tantas recomendaciones también hice teses de horchata de ajonjolí porque según las abuelas aumenta la producción de leche materna, el té Traditional Medicinals Organic Mother's Milk, Fenugreek  y las vitaminas prenatales de Garden of Life, MyKind Organics . Aún con todos esos intentos mi yo interno me decía que mi seno no respondería. Como madre y como mujer me agobiaba la situación por la cual estaba atravesando. Estaba en medio del postparto, luchando con el aumento de peso, el pronto regreso a mi trabajo, y ahora esto.

Llego la cita esperada, la pediatra y la cirujana ambas concordaron en nunca haber visto algo así

Así que Los médicos recomendaron cirugía para intentar salvar la lactancia.

La cirugía debía programarse pronto y esto dejaría a mi bebé sin leche materna, por algunos días, debido a mi poca producción que tampoco me permitía tener un banco de leche materna. Lloré. Sí Lloré, pensando que al dar botella mi bebé dejaría ese lazo que habíamos creado desde su nacimiento. Se me hacía difícil aceptar que quizás no podría lactar a mi bebé o alimentarla como lo había visualizado. Seguí forzándome más y más. Esta vez y con la intención de que bebé no se destetará, intentamos dando leche en gotero para asegurarnos que comiera suficiente y pudiera hacer sus evacuaciones.

Aquellos días fueron eternos, hasta decidir cambiar de pediatra e intentar una segunda opinión, según me dictaba mi instinto. Con el cambio de pediatra volvimos a empezar. Nos dio la tranquilidad de estar haciendo lo correcto y nos indicó la manera de proveer fórmula a nuestro bebé y leche materna sin tener que destetar. Todos los días, salía de mi trabajo a la hora de almuerzo para lactar y al llegar todas las tardes le ofrecía – un solo pecho - a mi bebé. Así continuaba toda la noche y madrugada, con la intención de solo proveer formula durante el día cuando yo no estaba y la menor cantidad de veces. De esta forma nos asegurábamos de que bebé continuara ganando peso y no se destetara.

Respiré. Sentí Paz. Nuestro lazo se había solidificado tanto que mi bebé no me rechazó. Aunque cuando la cirugía fue un éxito y el seno izquierdo se recuperó de los fibromas, bebé ya no quiso pegarse a él y continuamos lactando de un solo seno.

Lacté a mi bebé – con un solo seno – aproximadamente su primer año de vida.

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Al destetarse, seguimos teniendo esa relación hermosa que creció tanto en la lactancia como en el colecho, y me siento feliz de haber hecho lo que creímos mejor para nuestro bebé, en ese momento. La maternidad no es fácil, la lactancia ni el post parto tampoco. Agradezco a Dios haber estado rodeada de mi esposo, hija, doula y amigas que me dieron su apoyo y pasaron estos procesos - que parecían imposibles - junto a mí, y sin juzgar mis decisiones.

En esos momentos de incertidumbre es bueno estar rodeado de personas que nos apoyen, y nos brinden alternativas sin intentar imponernos sus criterios y posición al respecto. Son momentos de mucha tensión, porque la vida de nuestro bebé está en nuestras manos.

Es importante estar informadas del proceso mental y físico que estamos atravesando, fluir y dejar que nuestro instinto materno nos dirija, sin esperar ser la madre perfecta. 

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